En un rincón de la costa gallega, donde el Atlántico golpea con furia ancestral, un grupo de ingenieros observa cómo las olas se estrellan contra un dispositivo que parece salido de una novela de Julio Verne. No es ficción: es el futuro de la energía renovable en España, un país que ha mirado tradicionalmente al sol y al viento, pero que ahora descubre que sus 8.000 kilómetros de costa esconden un tesoro energético aún por explotar. La energía undimotriz, esa gran olvidada de las renovables, está dejando de ser una curiosidad científica para convertirse en una apuesta estratégica.
Mientras Europa se desangra por la dependencia del gas ruso y los precios de la electricidad alcanzan cifras que parecen números de lotería, España juega con ventaja. Tenemos algo que otros envidian: un litoral que es, literalmente, una batería natural. Cada ola que rompe en nuestras costas contiene la energía equivalente a decenas de barriles de petróleo, solo que gratis, limpia y, lo más importante, soberana. El proyecto Wedge, desarrollado por la empresa gallega Arrecife Energy, ya está demostrando que se puede extraer electricidad del movimiento constante del mar con una eficiencia que supera el 40%.
Pero la verdadera revolución no está solo en la tecnología, sino en cómo se integra en el sistema. Imaginen por un momento: cuando el sol se pone y los molinos eólicos duermen por falta de viento, el mar sigue moviéndose. Las olas no conocen de horarios ni de condiciones meteorológicas adversas. Esta cualidad convierte a la energía undimotriz en el complemento perfecto para la solar y la eólica, creando un trío renovable que podría garantizar suministro las 24 horas del día. En el País Vasco, la planta de Mutriku lleva años demostrándolo, inyectando electricidad a la red incluso durante los temporales más feroces.
El dato que hace saltar todas las alarmas en los despachos de Bruselas es simple: el potencial energético de las olas en Europa podría cubrir hasta el 10% de la demanda eléctrica comunitaria. Para España, que tiene algunas de las costas con mayor energía undimotriz del continente, esto se traduce en una oportunidad histórica. No solo para dejar de importar combustibles fósiles, sino para exportar tecnología. Las empresas españolas como Oceantec, con su boya de 40 toneladas que ya prueba en el mar Cantábrico, están posicionándose como referentes mundiales en un mercado que la Agencia Internacional de la Energía calcula que moverá 75.000 millones de euros en 2030.
Sin embargo, como en toda gran historia de innovación, hay obstáculos que parecen olas de 15 metros. La regulación avanza más lenta que la tecnología. Los trámites para instalar un dispositivo en el mar pueden llevar años, mientras el reloj climático sigue corriendo. Y luego está el eterno debate de la financiación: ¿quién paga el desarrollo de tecnologías que aún no son competitivas en precio con la solar, pero que ofrecen algo invaluable? Estabilidad. Previsibilidad. Independencia.
Lo más fascinante de esta historia es que se está escribiendo ahora mismo. En laboratorios de la Universidad de Cantabria, en astilleros de Cádiz, en centros de investigación de Canarias. Mientras usted lee estas líneas, hay científicos midiendo la fuerza de las olas en la Costa da Morte, hay empresarios negociando con fondos de inversión noruegos, hay políticos debatiendo cómo modificar la ley de costas para dar cabida a esta nueva industria. Es la energía que viene del mar, la que siempre ha estado ahí, esperando que fuéramos lo suficientemente inteligentes para aprovecharla.
El futuro, si miramos hacia el océano, podría ser más brillante de lo que imaginamos. No se trata solo de luces que no se apagan, sino de un modelo energético que por fin se desprende de ataduras geopolíticas. España tiene la oportunidad de liderar esta transición, de convertir su litoral en una fuente de riqueza limpia y, de paso, enseñar al mundo que a veces las soluciones más poderosas están en lo más elemental: en el eterno vaivén de las olas que han bañado nuestras costas desde mucho antes de que existiéramos como país.
El océano como batería: la energía undimotriz emerge en España mientras Europa busca independencia energética